Junto al injerto capilar y a tratamientos como el PRP, existe la vía farmacológica para frenar la caída del cabello. Es importante conocerla, pero con una advertencia previa: ninguna de estas opciones debe tomarse sin supervisión médica. Aquí te explicamos qué hace cada una.
Minoxidil
Es un tratamiento tópico (y en algunos casos oral, siempre pautado) que estimula el folículo y prolonga su fase de crecimiento. Ayuda a fortalecer y densificar el pelo existente. No crea pelo donde ya no hay folículo, y sus efectos se mantienen mientras se usa.
Finasteride
Actúa bloqueando parcialmente la DHT, la hormona implicada en la alopecia androgenética. Al reducir su efecto, ayuda a frenar la caída. Es un fármaco que requiere prescripción y seguimiento médico por sus posibles efectos.
Dutasteride
Bloquea la DHT de forma más potente que el finasteride. Se utiliza en casos seleccionados y también existe en formato de mesoterapia con dutasteride, aplicado localmente en el cuero cabelludo. Igualmente requiere valoración médica.
¿Medicación o injerto?
No son excluyentes: en muchos casos se combinan. La medicación ayuda a conservar el pelo existente, mientras que el injerto capilar repuebla las zonas donde ya no hay folículo. También conviene revisar las particularidades en mujeres, donde no toda la medicación está indicada.
Lo esencial: cada caso es distinto y la pauta la decide un médico. Consúltanos antes de empezar cualquier tratamiento.

